
Acepto no ser besable,
asumo las ausencias de mi habla,
y mi aspecto pétreo y frío.
En mis aristas nace el moho
que me acompaña como el
habla a un escolar en el segundo
curso y, de su vida, brotan
mis ideas, mis palabras y mi canto
mudo.
Me perdí entre cuadros
de libros y los arcos de las letras
que me ladraban,
como luna. Venían historias
salvajes de árboles y amores
imposibles de miradas coloridas
con orígenes amazónicos, brazos
pigmentados y labios agradecidos.
Hoy lloro al ver otra vez,
esos árboles, recoger frutos por
liberar...
Hoy muero al sentirme,
de nuevo, cubierto del musgo
de mi vivir.
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